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Las Botas

    En Haití, las obras son muy diferentes. No hay demasiadas medidas de seguridad, los trabajadores trabajan descalzos y el casco es algo con un uso diferente al cotidiano. Cuando comen, muchos utilizan el casco como plato, es lo más higiénico que encuentran. Otros, no lo usan en la obra porque quieren conservarlo nuevo. Cuando terminan la jornada, se lo ponen para volver a su casa, lo usan en el tac-tac, (una camioneta que hace las veces de transporte público). Que los vean con casco por la calle les da prestigio, ven los demás que tienen trabajo y eso es un gran honor. En un país con un 80% de paro, trabajar, es todo un lujo.

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Tac-tac. Medio de transporte público. Su nombre se debe a que cuando alguien desea apearse toca en la chapa, suena tac-tac y el conductor para

       Cuando entras en la obra, aquello parece el Ejército de Pancho Villa… todo es manual, escasean las herramientas, para cualquier trabajo, hay muchas personas.

     En mis obras procuro que sea diferente,  no puedo cambiar el mundo, pero me conformo con cambiar mi obra y hacerla un poco mejor, les doy botas, guantes y casco.

     Un día veo a un trabajador descalzo, hacía 15 días que les había dado a todos botas nuevas. Llamo al trabajador, lo reprendo seriamente y es despedido. Lo dejo con el encargado para pagarle lo que se le deba y que se vaya.

     La dureza de corazón es algo generalizado en el País, las condiciones de vida son  tremendas y el trato a los subordinados ralla lo vejatorio. Esto, que es algo extraordinario, en un sitio como este se ha vuelto  cotidiano y cuando no es de esta manera, se entiende como debilidad y la otra parte obra en consecuencia.

     Oigo al trabajador: Señor, quiero hablar con usted, le contesto que si le han pagado, a lo cual me responde que si, dando en este momento la conversación por finalizada y continuando  con mis quehaceres. Él, insiste y decido dedicarle unos segundos, aunque solo sea para que se marche y no me hostigue.

     El trabajador me cuenta:  Señor, ya sabía que me iba a despedir, pero quiero explicarle que he vendido las botas y por que lo he hecho:

     Yo estaba muy contento con mis botas, eran tan bonitas y nunca  antes había estrenado un calzado. Empezó el colegio y el director hecho a mis niños para casa, ya que no tenían uniforme y los advirtió que no volviesen hasta que trajesen  su obligatorio atuendo escolar. Mi mujer y yo miramos que podíamos vender para comprar los uniformes, pero en nuestra casa no había nada de valor por lo cual nos diesen dinero. Lo único que podíamos vender eran mis botas. Me costo mucho desprenderme de ellas, estaba orgulloso de mi calzado y sabia que usted me despediría, pero no tenia otra solución. Vendí las botas y pudimos comprar unos uniformes usados y mis niños volvieron al Colegio. No podíamos dejar a nuestros hijos en casa sin colegio. El hambre, nos preocupa menos, siempre la hemos tenido y estamos acostumbrados a ella.

     El trabajador me hizo sentirme un miserable, pero que podía hacer, quería admitirlo de nuevo, pero si lo hacia me desautorizaría y sentaría un precedente fatal en la obra que podría llegar a no controlar.

     Al final, decidí llamar a una empresa constructora española que trabajan allí y decirles que si podían, por razones personales cambiarme un trabajador mío por uno suyo. El encargado me dijo que si quería beneficiarme a la hija y no me apetecía ver todos los días al padre…y yo, le contesté que algo parecido, (así de brutos somos los blancos). Si le digo la verdad, no me entendería y encima pensaría que no era capaz de controlar a mis trabajadores. Así se hizo.

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Transporte de fardos de ropa del Puerto de Miragoâne a Port-au-Prince

     En Haití las personas compran el calzado en la calle y es usado,al igual que la ropa. Esas organizaciones que recogen ropa y calzado para los países pobres, la limpian, la meten en fardos y termina en sitios como Haití, pero de gratis, nada, se vende. Los haitianos prefieren esas cosas usadas incluso a las nuevas,  dicen que esos zapatos usados son de buena calidad, les duran mucho tiempo y valen poco dinero, en cambio lo nuevo, es chino, malo, dura poco y encima, caro. Cuando veía como algunos comerciaban con esas cosas que deberían regalarse me enfadaba mucho, ahora soy más tolerante, incluso con eso, reconozco que algunos “humanitarios” ganan mucho dinero con ello, pero al menos, los más humildes    por poco dinero pueden tener ropa y zapatos de calidad, no es tan malo, gratis no llegaría nunca a su destino y si bien algunos desalmados hacen su agosto con ello, los más necesitados, lo tienen a buen precio.

 © Autor: Germán Vega. Port-au-Prince. Haïti. 2013