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Farmacia móvil 

Cada lugar tiene sus costumbres y no seré yo el que las juzgue, aunque muchas, ni las comparta, ni las entienda, Una que me llamó considerablemente la atención fue: los conos farmacia.

Un chico porta un cucurucho de cartón en cuyo exterior muestra su género expuesto con gomas, y en su interior tiene el almacén.  Esta venta ambulante podría pasar inadvertida (o no, su colorido, como mínimo llama la atención) pero vende pastillas, si, digo bien, son fármacos, es una farmacia móvil, y cada pocas calles, te encuentras  tan singular negocio.

Las personas se acercan y le comentan lo que les pasa y él dispensa su remedio en el número de unidades que le demanden o puedan pagar. Huelga decir que su preparación médica, como mínimo, no esta acreditada, aunque roguemos a Dios que al menos tenga sentido común. Otros se acercan y se automedican, demandan con total contundencia lo que necesitan para su mal.

Me consta que uno de los que trabajan en mi casa usó este servicio del cornucopio de la siguiente manera:

Un día por la mañana veo a Patrick (el chico que cuida y atiende mi casa) con un sarpullido e hinchazón considerables en su cara. Su aspecto impresionaba. Le pregunto si había comido algo en mal estado o tenía alguna alergia, (ambas preguntas eran estúpidas, Patrick come lo que puede y no tengo constancia de  que visite al médico ni se halla hecho pruebas de alergia, yo era aún muy nuevo en el país y preguntaba estas cosas).

Patrick me dice que si, que se toma la mañana para ir al médico y que nos veremos por la tarde. Ese día cuando volví de trabajar, no estaba en casa y pensé que lo del médico seguro que le habría tomado más tiempo. Al día siguiente me intereso por su estado y me cuenta que “todo controlado”.

A los pocos días le había desaparecido su brote y su cara volvía a ser la de siempre. Le comento:  qué  te había dicho el médico y cuál había sido su eficaz tratamiento. Me enseña una pastilla cortada de la tableta donde ponía “omeoprazol”, y le digo: Pero Patrick!, esto es un protector gástrico, es lo que tomo yo muchas veces, quien te ha dado esto!….y entendió que era mejor contarme la verdad. No fue al médico, solo había comprado al chico del cono en la calle esa pastilla porque era de las más baratas, al día siguiente se sintió mejor y decidió guardarla para mejor ocasión.

Germán Vega. Port-au-Prince. Haïti. 2013