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EL RACISMO – UNA CLASE DIVIDIDA

El 5 de abril de 1968, la profesora de primaria estadounidense Janes Elliot, con motivo del asesinato un día antes de Martin Luther King, realizó un sorprendente experimento en su colegio.

Comenzó por preguntar a sus jóvenes alumnos de tan solo 8 años, si pensaban que en Estados Unidos todas las personas eran tratadas por igual. Ante la respuesta afirmativa de los niños, los cuales justificaban las diferencias entre estadounidenses blancos, negros, indios y asiáticos, decide plantearles una prueba, a la cual, los niños, entendiéndola como un juego se prestan con gran entusiasmo.

UNA CLASE DIVIDIDA

La maestra decide partir la clase en dos grupos: El grupo de los niños con ojos azules y el grupo de los niños con ojos marrones. Hasta aquí, todo perfecto. El problema comienza cuando les dice que los niños con ojos azules, eran superiores, más inteligentes, más eficientes y por tanto les concedería unos privilegios: cinco minutos más de recreo, podrían repetir comida en el comedor, podrían beber de la fuente. En cambio los de ojos marrones como seres inferiores, no podrían usar los juegos del patio ni juntarse con los niños de ojos azules y lo más importante: Para que nada más verlos se supiese que eran un “ojos marrones”, se pondrían un pañuelo en la manga para ser fácilmente distinguidos incluso sin mostrar sus ojos. La profesora, no perdía oportunidad de diferenciar en clase a un grupo de niños de otros con comentarios del tipo:

-Abran el libro en la página 127

-¿Estamos todos listos? – Todos menos Laurie

– ¿Se dan cuenta del tiempo que perdemos esperando a los ojos marrones?

Comenzaron a ocurrir cosas. Los niños con ojos azules empezaron a sentirse realmente superiores. Amigos inseparables, dejaron de serlo por tener ojos de color diferente. Ya no deseaban estar juntos. Curiosamente, solo por sentirse superiores, los de ojos azules, experimentaron un notable aumento del rendimiento académico, se sentían felices por sentirse superiores e importantes. También arrogantes hacia sus compañeros, que pasaron de ser amigos o compañeros a un simple “ojos marrones”.

Cuentan los niños de ojos marrones lo mal que se sintieron, se creían realmente inferiores, discriminados, incluso torpes y no dignos de estar junto a los superiores ojos azules.

A los pocos días, al comenzar la clase hubo una gran sorpresa. La profesora Elliot comienza la clase afirmando:

Les dije que los ojos marrones no son tan buenos como los ojos azules. Les mentí. La verdad es que los ojos marrones son mejores que los ojos azules. A continuación, por tanto se invierte la situación y los anteriores privilegios de los que gozaban los ojos azules pasarán a ser para los ojos marrones.

Fue muy duro para esos niños de ojos azules, que unos días antes, habían sido felices por considerarse superiores, verse marcados con el brazalete que indicaba que no eran ni superiores ni iguales, que eran incluso inferiores. Sintieron en sus propias carnes la marginalización, el desprecio, la injusticia y solamente por haber nacido con unos ojos de un color diferente.

Los resultados del experimento fueron más allá. El que se dijera que eran inferiores por tener los ojos azules, hacía que llegasen a creerlo, su rendimiento académico bajo y como era de esperar, esos días, el de los ojos marrones subió. Éstos, resolvieron sus tareas más rápido, con más acierto y de forma más brillante, solo por sentirse bien, felices y superiores.

Después del día de gloria de unos y de otros, vino la reflexión. La señorita Elliot abrió un coloquio para que expresaran como se habían sentido. Todos coincidían en lo mal que lo habían pasado al ser considerados inferiores, muchos se avergonzaban de su comportamiento hacia sus compañeros en el día que gozaron de reconocimiento y privilegios.

La profesora trasladó el color de los ojos al color de la piel y cuando les preguntó si el color de la misma debería influir en como tratamos al resto por ser de un color de piel diferente, la respuesta fue unánime y sincera. Todos habían experimentado una y otra situación y todos expresaron que blancos, negros, indios y asiáticos no eran ni mejores ni peores por el color de su piel.

15 años después, deciden reunirse profesora y exalumnos nuevamente en el colegio para contar como los había marcado el experimento de su niñez. Todos habían madurado en la tolerancia, en el respeto a los diferentes y mantenían vivo el recuerdo de su experiencia en el colegio, sin dudar que las diferencias entre unos y otros, nada tiene que ver con el color de nuestra piel.

La profesora Elliot, remarcaba como un niño adorable, se puede convertir en minutos en un discriminador implacable.

No solo el color de la piel puede producir este efecto, es extensible a nacionalidades, a religiones, a tendencia sexual y en general a cualquier diferencia o razón discriminatoria que divida a los humanos.

Cabe recordar Sarajevo y sus Olimpiadas de 1984. Se veía una hermosa ciudad, desarrollada y culta, donde convivían pueblos y religiones diferentes en armonía y respeto mutuo y como de forma casi instantánea ocurrió lo mismo que en esa clase de primaria. De la noche a la mañana, vecinos, amigos de siempre, pasaban a ser enemigos mortales solamente por profesar religiones diferentes. Pasaban de una profunda amistad a un tremendo odio de forma casi instantánea y sufrieron una cruel y absurda guerra que nunca debió de existir. Lastima que no fuese un experimento y mucha más lástima que no hubiesen tenido en primaria muchas profesoras Elliot

EL RACISMO2

 

Germán Vega – 2013

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La ética – La leyenda del anillo de Giges

La ética – La leyenda del anillo de Giges

Platón, en “El diálogo de la República”, nos cuenta la leyenda del pastor Giges.

Éste, era un pastor al servicio del rey de Lidia. Un día, después de una tempestad y un terremoto, se agrieto la tierra, abriéndose un abismo en el lugar donde pastaba el rebaño de Giges. Asombrado, desciende en la grieta y entre otras maravillas encuentra un caballo de bronce hueco con pequeñas aberturas. En el interior del mismo, había un cadáver de un hombre de gran tamaño que no llevaba sobre sí más que un anillo de oro en un dedo. Giges, tomó el anillo y se fue.

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Corrupto y/o ladrón

     Entendiendo al corrupto como el que abusa del poder en beneficio propio e ilegítimo y al ladrón como al amigo de lo ajeno; veo que el segundo molesta mucho más que el primero o al menos es peor tolerado.

      ¿Quién roba?, o mejor dicho, como todos somos muy pacíficos y odiamos la violencia, lo dejaré mejor en: ¿quién hurta?

      Veo con demasiada frecuencia a personas indignadas y tratar con mucha dureza a los que se han apropiado de algo que no les pertenece.

      Un político es un ciudadano que dada su función en la administración pública debería tener una conducta ejemplar, es por ello que indigna más cuando su actuación es reprochable.

      Una vez, hace muchos años en una conversación con un político, que sí tenia las ideas claras, me sorprendió cuando al hacerle la pregunta de cual era el truco del éxito en política me respondió:

Para triunfar en política es necesario ser un sinvergüenza pero sin que nadie se entere.

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