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Con el nacimiento del Universo, hace quince mil millones de años, nace la materia, formada de átomos y éstos agrupándose de formas complejas dan lugar a todo lo que conocemos.

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En un recóndito lugar del Universo, hay un pequeño planeta azulado, donde surge la vida en base a la química de un compuesto llamado carbono, el cual hace posible nuestra existencia. Éste especial elemento, en su estado más puro es el diamante. Sirve para crear nuestro frágil y perecedero cuerpo y también para crear la sustancia más dura de la Tierra: el diamante, siendo algunos tan antiguos como nuestro planeta y perdurarán en el tiempo de forma ilimitada. Solo el fuego podrá destruirlos ya que a una determinada temperatura arden y se volatilizan.

El hombre y los diamantes han recorrido juntos un largo camino, sacando lo mejor y lo peor de nosotros, simbolizan la manifestación más especial del sentimiento humano: el amor, y también lo peor: la codicia y la ambición. Detrás de los diamantes podemos encontrar desde las más bellas historias de amor, hasta los peores crímenes:

El diamante Koh-i-nor (montaña de luz, en persa)

Fue durante tiempo uno de los diamantes más grandes del mundo, con sus 108 quilates.

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En su historia con el hombre, fue adquirido siempre sin ser vendido. Sus poseedores se hicieron con él mediante el robo, el pillaje, el engaño y cuantas formas ilícitas se nos ocurran. Ha pertenecido a gobernantes hindúes, persas, afganos, sikh y actualmente forma parte del tesoro de la Corona Británica.

Tal vez no te suene el Emperador mongol Shah Jahan, pero seguro que si el Taj Mahal, construido por él. Se cuenta que colocó el diamante frente a una ventana para que pudiese ver el mausoleo, sólo a través de su reflejo en la gema. En 1739 el gobernante Nadir Shah, cuando logra por fin tener la piedra en su poder, exclamó: ¡koh-i-noor! (¡montaña de luz!) y parece ser que desde entonces ya tenemos nombre para el diamante. El 3 de abril de 1850 es entregado a la reina Isabel de Inglaterra como parte del acuerdo de la conclusión de la Guerra Anlo-Sikh y desde entonces, luce en su corona.

Su leyenda ya decía en el año 1306: :Quien posea este diamante dominará el mundo, pero también conocerá todas sus desgracias. Solo Dios, o una mujer, pueden llevarlo con impunidad”

 En oposición, están las miles y miles de historias de amor selladas con un anillo de compromiso. Esta alianza en el tercer dedo de la mano izquierda está datada ya en la época egipcia. Para éstos la vena del amor partía de este dedo y llegaba al corazón. Esta es la teoría más aceptada sobre el origen de las alianzas, pero se presume que es mucho más antigua. El pueblo judío, usaba alianzas con una antigüedad remontada a antes de ser escrita la Biblia. En este libro sagrado, Dios ordena a los hombres la circuncisión. Este singular trocito de piel, era curtido, guardado y entregado a la que sería mujer en el futuro con una gran simbología. Este es el origen de la alianza. Muchas veces se perdía o no se conservaba ese trocito de piel y era sustituido por otro material, no en pocos casos por oro si los futuros esposos podían permitírselo, ya que era el más puro de los metales.

anillo romano

                                                           Anillo romano. Piedra octaédrica sin tallar

En el siglo II , era costumbre que el emperador firmase las alianzas de los nobles y ya en el siglo VII, el obispo Isidoro de Sevilla, definía el significado de la alianza como: “El esposo entrega este anillo como signo de fidelidad mutua y más aún, para unir sus corazones a esta promesa”.

La tradición de alianza con diamante se remonta al anillo que Constantino Sforza entrega a Camila de Aragón en 1475, donde un poema de la época lo describe con todo detalle: “Dos antorchas en un anillo de fuego ardiente, dos corazones, dos pasiones se unen en matrimonio con un diamante”. Nuevamente la historia lo atribuye al anillo de compromiso que Maximiliano de Austria entrega a María de Borgoña en 1477. Esta costumbre es perdida en parte, pero en 1886, el joyero Charles Lewis Tiffany, la retoma hasta nuestros días.

La unión del oro con diamante, simboliza la unión de lo más puro, el oro, con lo más duradero, el diamante. La palabra diamante viene del griego adamas, adamantis, que significa invencible o inexpugnable, se asocia a lo más fuerte

La mitología clásica asocia el oro y los diamantes directamente con el amor. Las flechas doradas de Cupido tenían punta de diamante, ya que el brillo de los diamantes era comparado con el corazón colmado de amor. Platón llega a afirmar que los diamantes eran seres vivos que contenían espíritus celestes. Los romanos creían que los diamantes les daban fuerza y los hacían invencibles durante las batallas

Se habla del milagro de la vida y se habla también del milagro de la formación de un diamante. Las condiciones para que surja esta gema, son tan difíciles, que casi son un autentico milagro de la naturaleza, sin olvidar lo difícil que es después encontrarlo. Existen unas rocas azuladas llamadas kimberlita que surgen del interior de la Tierra en forma de chimenea. Solo en una de cada 200 chimeneas, hay diamantes. Es necesario encontrar la chimenea y después ha de tener la preciada gema.

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Un diamante es mucho más que una piedra, sus singulares cualidades y belleza, convierten a cualquier diamante en un tesoro único, asociado con la riqueza y el poder.

En nuestra historia conocida, los primeros diamantes se encuentran en la India hacia el siglo VI antes de Cristo ,en los márgenes del río Godavari, en la región de Golconda, desde donde parten hacia todas las cortes del mundo. Siendo casi en exclusiva la fuente de diamantes mundial hasta que en el siglo XVIII, aparecen las minas brasileñas.

© Autor: Germán Vega –Blog: otrasrazones.com – 2015

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