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La inmortalidad de los dioses

 Desde siempre el hombre ha buscado la piedra filosofal, ésta sustancia sería la que conferiría la inmortalidad a los humanos. Así, nos convertiríamos en semidioses, además de poder transmutar cualquier metal en oro. En otro plano, también actuaría sobre los vegetales, consiguiendo que floreciesen y diesen fruto en escasos días.

 Ya Aristóteles pensaba que los metales eran más perfectos que los minerales y que el oro era el más perfecto de todos los metales. La naturaleza busca la perfección y, de forma natural, todos los metales tendrían que tender hacia el oro; en este principio aristotélico se basa la alquimia. Siendo el objetivo de la alquimia la búsqueda del elixir de la vida (piedra filosofal).

 A lo largo de la historia de la humanidad hay numerosos ejemplos de búsqueda de mágicas fórmulas de creación de la sustancia por todo el mundo.

 Quin Shi Huang, el conocido como Primer Emperador de la China, mandó a un alquimista junto con su séquito. Dicho alquimista y su séquito de hombres y mujeres sumaban un total de 1000 personas, los cuales estaban destinados a buscar por los mares dicho elixir. Cuenta la leyenda que se perdieron y que nunca regresaron. La historia les asigna el descubrimiento de Japón.

Otros que también se perdieron fueron los alquimistas árabe-españoles del Califato de Córdoba, cuna del alquimismo. Muchos árabes dedicaron su vida a buscar la piedra filosofal, y si bien no descubrieron su fórmula, se cuenta que en el intento descubrieron sustancias tales como la acetona y el aguarrás. No todo se perdió.

 Otro con menos acierto y más temerario fue el Conde de Cagliostro, el cual en el siglo XVIII, asegura tener la fórmula de la inmortalidad, pero para su consecución no era suficiente tomar solamente la pócima, se requería un mes de cama y alimentarse exclusivamente con un caldo. Cagliostro afirmaba que, aunque pasados unos días las personas perdían los dientes y el pelo, al cabo de un tiempo se regeneraría todo el cuerpo, consiguiendo la eterna juventud y recuperando pelo y dientes. Los que se prestaron al experimento no consiguieron la inmortalidad, aunque si enfermar de escorbuto y lucir desdentados el resto de su exigua vida.

Pero no fueron sólo necios los que intentaron dar con el paradero de la piedra filosofal. Al fallecer Isaac Newton, en 1727, hereda sus pertenencias su sobrina. Con gran asombro, ve que entre sus escritos escasean los de Matemáticas o Física y en cambio, abundan sobre Teología, sociedades secretas y alquimia. Se decide ocultar los apuntes de Newton para guardar su buen nombre, aunque se conservan. Las malas lenguas contaban que murió envenenado al tomar el elixir que él mismo había creado para conseguir la inmortalidad.

Hay muchos más ejemplos de personas que dedicaron su vida a la búsqueda de la piedra filosofal, aunque un caso a destacar y cuya leyenda hace dudar es la de Nicholas Flamel.

 Nicholas Flamel

Personaje histórico, nacido en Francia en el siglo XIV. De profesión escribano y librero, aunque pasó a la historia como alquimista.

Era un hombre culto que dominaba el hebreo y el latín.

Una noche se le aparece un ángel en sueños que le muestra un libro extraordinario, aunque no llega a ver su contenido. Años más tarde, un desconocido entra en su librería y le ofrece un viejo libro, el cual nada más verlo, lo reconoce como el libro de sus sueños. No puede dejar pasar la ocasión y negocia su compra. El libro estaba firmado por Abraham el Judío. El librero no logra descifrar el manuscrito ya que en vez de letras, tenía símbolos. Acude a los alquimistas franceses en busca de ayuda para su traducción, pero tampoco consiguen descifrar el misterioso manuscrito. Decepcionado, decide marcharse a España en busca de ayuda, ya que era donde se encontraban los mejores alquimistas del mundo. En el camino de Santiago se encuentra con un judío converso llamado Canches con el que entabla amistad. Este, al ver el manuscrito, le encuentra similitud con La Cábala y juntos comienzan a descifrar el códice. Deciden regresar a París a finalizar el trabajo. Sin embargo, hubo un contratiempo, Canches, muy enfermo, muere sin llegar a París.

Flames, de regreso en su casa y con la ayuda de su mujer, tras 21 años de esfuerzo, logra por fin comprender el manuscrito y materializar un primer experimento con mercurio, transformando este en plata. Unos meses después consigue por fin transmutar una cantidad de mercurio a oro puro.

Sus contemporáneos aseguraban que, en muy poco tiempo, logró amasar una gran fortuna y hacer numerosas y costosas obras de caridad. Ésto sirve como prueba de que consiguió descubrir la piedra filosofal. El mismo rey Carlos VI de Francia le pide que aporte oro a las arcas reales usando su descubrimiento de transmutación.

Entre 1410 y 1418 fallecen él y su esposa, llevándose a la tumba su secreto. Nadie encontró el libro ni tampoco las notas de Flamel.

 flamel

La leyenda cuenta que Flamel no solamente logró redescubrir la piedra filosofal y transformar los metales el oro. Dicha leyenda cuenta que también logró la fórmula del elixir de la vida y que, tanto él como su mujer, continúan vivos. La leyenda se vio reforzada cuando al exhumar sus tumbas, estas se encontraron vacías.

Su vida se encuentra reflejada con mucho detalle en su propia obra aunque esta, sea mucho menos conocida que la de la escritora inglesa j.K. Rowling, la cual se inspira en Flames para escribir Harry Potter y la piedra filosofal.

En nuestro siglo se sigue buscando la mágica sustancia, incluso hay quien de forma oficial sitúa el hallazgo en los Montes Bucegi (Rumania). Lo encontrado en el año 2003 en una cueva de los mencionados montes, seguro que no deja indiferente a nadie.

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Germán Vega – 2015

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