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     Entendiendo al corrupto como el que abusa del poder en beneficio propio e ilegítimo y al ladrón como al amigo de lo ajeno; veo que el segundo molesta mucho más que el primero o al menos es peor tolerado.

      ¿Quién roba?, o mejor dicho, como todos somos muy pacíficos y odiamos la violencia, lo dejaré mejor en: ¿quién hurta?

      Veo con demasiada frecuencia a personas indignadas y tratar con mucha dureza a los que se han apropiado de algo que no les pertenece.

      Un político es un ciudadano que dada su función en la administración pública debería tener una conducta ejemplar, es por ello que indigna más cuando su actuación es reprochable.

      Una vez, hace muchos años en una conversación con un político, que sí tenia las ideas claras, me sorprendió cuando al hacerle la pregunta de cual era el truco del éxito en política me respondió:

Para triunfar en política es necesario ser un sinvergüenza pero sin que nadie se entere.

      Ante mi cara de asombro decidió matizar y darme explicaciones.

Inmediatamente y sin darle demasiado tiempo lo primero que se me ocurrió decirle fue: entonces, tú eres un sinvergüenza. A lo cual él me respondió:

  • ya he conseguido mi objetivo.
  • ya tengo el puesto de trabajo que deseaba.
  • Ya no necesito estar en política. Me voy (como así fue).

      Y comenzó a explicarme:

      La inteligencia no es muy importante, caen mejor los mediocres. A una persona brillante, los demás lo ven como un competidor a eliminar; en cambio, uno anodino, pasa inadvertido, no es tomado en serio y esto le facilitará abrirse un hueco.

      Tampoco hay que tener un notable currículum, algo normalito, por lo mismo

      Al principio hay que trabajárselo, dedicarle tiempo, hacer horas y horas de sede, estar siempre dispuesto, incluso pegar carteles si te lo piden, o mejor aún, ofrecerte.

      Por este motivo hay tan pocos buenos profesionales en la política; a un buen médico, por ejemplo, no suele sobrarle tiempo para cosas ajenas a su trabajo y su tiempo libre es para su familia o para estudiar, por ejemplo.

      No se puede contrariar a nadie ni buscar enemigos, no pasa nada por decir que si a todos.

      Es bueno hacer creer que eres el confidente, cuentas a cada uno lo que dicen los demás de él (que no suele ser bueno) y como eres el confidente y tonto, no se enterarán los demás y volvemos a lo de siempre, si se enteran, no eres bueno para eso de la política, eres un sinvergüenza, pero nunca han de enterarse los demás.

      Como siempre suele haber una lucha por los puestos, y dentro no son tan camaradas entre ellos como parece, poco a poco se irán enemistando unos con otros (para lo que tú habrás puesto tú granito de arena) y por eliminación terminarán hasta votándote a ti           .

      Tampoco esta bien enfadarse y hablar fuerte, tú, piensa lo que quieras, pero de cara a los demás, siempre calma.

      Esto esta estructurado en capas piramidales. Cada capa es un peldaño y para llegar al siguiente se usa el mismo camino.

      Visto como se llega a “político notable” se entienden muchas cosas.

      Por otro lado, el poder es “la leche”…eso de tener a un grupo de personas rodeándote y haciéndote la pelota de continuo, distorsiona la realidad de cualquiera. Si todos los días por la mañana tus asistentes te dicen que buen gusto tienes para elegir las corbatas, terminas creyéndotelo aunque seas un hortera…Luego, dices algo y alguien lo hace, se te ocurre una idea y termina en ley, las cosas están a tú disposición y claro, que fácil es terminar llevándotelas a tú casa.

      Muchos emperadores se creyeron dioses y nadie les decía lo contrario.

      Cuentan que cuando se murió Lenin su servicio estaba tan nervioso y le tenían tanto miedo, que uno llego a decir: y ahora quien se lo dice.

      Nuestro Franco estaba tan convencido de su caudillaje y posición por la gracia divina que no quería abandonar su puesto, se lo debía a Dios y a los españoles. Su preocupación seria, era que consideraba que salvo él, no había ningún otro español capacitado para gobernar España.

      Claro, el poder es efímero, en momentos de lucidez ven sus limitaciones y han de preparar su futuro. Es duro ver que siendo la máxima autoridad en realidad sin su séquito tal vez no haya preparación ni para ser recepcionista. Entiendo lo difícil que es salir del Olimpo y regresar a la Tierra, han de preparar su pequeño paraíso terrenal para el después. Los faraones preparaban sin escatimar en medios su paso a la nueva vida, Nuestros políticos hacen lo mismo, necesitan preparar sus inexpugnables pirámides para la otra vida.

      Quien mejor que el que llega a una meta para saber el camino y lo que queda atrás compitiendo. Es normal (en su concepción de la realidad) rodearse de amigos, familia y acólitos de confianza. Saben muy bien que no se pueden fiar del entorno.

      Con todo este caldo, no puede surgir otra cosa que la que surge, la corrupción. Y no nos confundamos, es parte del sistema.

      Si un rey considera que su hijo ha de sucederle, Napoleón pone a gobernar un país al inepto de su hermano, la mujer de un presidente ocupa un relevante cargo, ellos que son parte de ese mundo de dioses, han de hacer lo mismo, aunque los terrenales normales no lo entendamos.

      Mira que hay estadounidenses capacitados y competentes, alguien entiende que Bush fuese presidente de Estados Unidos y unos años más tarde lo fuese su hijo.

      Lo de robar es diferente. Ha quedado claro que los políticos, normalmente antes de serlo, ya tienen madera para ello y el puesto, los cambia, normalmente a peor.

     Haciendo justicia, robar no es cuestión de político o no, es cuestión de simple mortal.

     El operario del taller, si puede, y termina pudiendo, se lleva a casa de vez en cuando alguna herramienta para su uso personal, el albañil asalariado, toma con naturalidad algún que otro material para sus “chapuzas” personales. El médico de la SS toma caros reactivos para su consulta privada y acepta exóticos viajes de los laboratorios disfrazados de cursos. El oficinista se lleva para su casa los folios para sus niños y si puede, hasta la grapadora. El conductor de camión, saca el gasoil del depósito para su propio vehículo y si sobra, vende a sus amigos.

     Si vas persona por persona, nadie roba, solo los políticos y los carteristas de Gran Vía, todos se consideran muy honrados, los chorizos, son los demás…

      Si al oficinista le dices que por qué se lleva los folios a su casa, te responderá que eso no es nada, que carecen de valor, que es insignificante y que su mal pagado trabajo justifica eso y mucho más…no se da cuenta que es un chorizo y que simplemente hurta lo que tiene a su disposición, ya que la caja de la empresa no está a su alcance (ojo, que seguro que si está al alcance de otro dentro de la empresa que hace lo propio). Pues el político piensa lo mismo, en sus adentros considera: Estos desagradecidos, con lo que yo me mato a su servicio y por pagarme una menudencia doméstica con una tarjeta, ahora me buscan las vueltas y se atreven a pedir mi dimisión…o ese tres por ciento de nada, que si no fuera por mi, ni tendrían polideportivo, ni biblioteca y seguirían con la vieja estación de autobuses de siempre…

     Pero no todos son ingenuos, los hay listos de verdad y se parten de risa del populacho, pensando: serán idiotas…mira que desde las 8 am. hasta las 8 pm. las he preparado gordas y en mi provecho, poniendo a buen recaudo millones y ahora me piden que devuelva el dinero de unas copas que me he tomado a su salud al finalizar mi grandiosa jornada laboral. Puesto que son necios, les daré gusto, devuelvo el dinero de las copas y yo a lo mío.

    Todas estas personas llaman chorizos a los políticos y no miran hacia dentro.

     Nunca justificaré al corrupto ni al ladrón, pero lo de “el que no tenga pecados que tire la primera piedra”, también hay que autoaplicárselo.

     Ahora viene otra figura: el corruptor

      Si la gente supiera el fondo, entendería muchas cosas.

     Una empresa constructora un día, por la razón que sea, hace una obra. Si la ha hecho bien, hará otra y otra (y crecerá). Un día, sin enterarse, tendrá muchos trabajadores, muchas máquinas y muchos problemas. Alguien ha de trabajar mucho para mantener entretenidos a todos eso trabajadores y máquinas. Hay mucha competencia y el trabajo no sobra. Para tener trabajo para todas esas personas un día se pasa a la obra pública y la verdad es que te encuentras con un sistema establecido, que, o lo sigues, o no entras. Si entras, vas mal, has de pagar y si no entras, desapareces y siempre te puedes dedicar a la vida contemplativa en la Orden de los Cartujos. Tampoco es tan sencillo eso de entrar o no entrar, no suele ser una elección. La realidad es mucho más complicada. Las máquinas no suelen estar pagadas, todos los meses hay que hacer frente a su leasing. Los trabajadores son personas con familias, necesidades y alguien ha de buscar trabajo, despedirlos no es la solución y dicho sea de paso, también esto sería caro y necesitaría de dinero, por tanto muchas veces el intentar hacerse con una obra pública para una constructora, no es una opción, es una necesidad.

    A los constructores no les gusta pagar a un conseguidor para que les den trabajo, normalmente no tienen otra opción y si no pagas, no hay obra y si no hay obra, se termino todo.

 Curioso ejemplo:

     Un conjunto de empresas presentamos una oferta para la demolición de Las Antenas de la playa de Pals, Radio Liberty. (Gerona). Entre las empresas había una con una amplia experiencia en demoliciones.

     La Administración tenía una importante suma millonaria para realizar este trabajo.

     Las ofertas incluirían una memoria de cómo se harían las obras y como se dejaría la playa. En una primera negociación hicimos una interesante propuesta, con técnicos cualificados que solo tenía un defecto: No incluía ningún apadrinamiento y estaba cerrada a cualquier comisión para nadie. El presupuesto de la Administración para ese trabajo era desproporcionado, esa obra se podría hacer por, ojo, muchos menos millones de los que la Administración ofrecía y nosotros estábamos dispuestos a ello. Esto no gusto, se nos comenta que el dinero era para hacer la obra, que no había porque reducirlo y mil razones peregrinas para gastar ese dinero. Lo curioso es que incluso, nosotros habríamos hecho la obra casi gratis, ya que era simplemente demoler unas antenas en una playa, no había riesgos, ni construcciones que pudiesen ser afectadas, ni personas. Las antenas podrían incluso ser derribadas hacia el mar y desmontarlas sin explosiones. El truco para estar dispuestos a hacer la obra casi gratis era el acero de las antenas. La inmensa cantidad de toneladas de chatarra de acero de las antenas puestas en el mar como estaban tenían un inmenso valor. Habíamos hecho gestiones para su venta y su valor era muy importante. Su carga en buques, aunque presentaba algún problema técnico, estaba resuelto. Con los dados de hormigón de las cimentaciones, era viable y técnicamente sencillo echarlos al mar y hacer un pequeño dique para un puerto deportivo (Disponíamos de maquinaria adecuada para hacer la obra ).

    Nuestro proyecto fue rechazado. La obra fue adjudicada primero a una ingeniería que realizó un caro proyecto y a otra constructora. El coste final de la obra triplicó nuestra oferta. Protestamos y para que no nos enfadásemos demasiado nos ofrecieron otra obra. Decidimos no aceptar y callarnos, al fin y al cabo, había en ese momento mucha obra privada y no es interesante ir contra los que tienen el poder, siempre pierde el mismo.

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                                                               Antenas de Pals. Radio Liberty.

 Conclusión: Si no pagas, no hay obra y no importa ni el presupuesto ni el bien público. Cuanto más se gaste, mejor.

 Tema impuestos:

     Siempre estoy oyendo: “Los ricos no pagan impuestos”.

     La respuesta: cierto, no los pagan porque pueden, tienen los mejores asesores y medios. No olvidar que se tiene madera de político y se tiene madera de rico.

      Todos los ricos que conozco son muy parecidos en cuanto a su personalidad, forma de ser y de actuar. Hay un dicho: “Nunca te asocies con un rico, te dejará sin un euro…” Suelen ser muy trabajadores, tienen pocas ideas y muy claras, no desperdician ni un céntimo, y su mente funciona como una calculadora, siempre mirando el número.

      Que nadie se haga ilusiones pensando que puede legislar para que paguen impuestos, por mucho que se regule, siempre encontrarán una puerta y si no la encuentran, se van, pero nunca pagarán más de lo estrictamente necesario.

     No se puede poner puertas al campo ni tampoco al capital, este siempre se ha movido y se moverá libremente, sin importar demasiado su procedencia y buscando únicamente la rentabilidad.

     Repito lo mismo de la corrupción y los ladrones, no son siempre los demás. La inmensa mayoría de las personas que conozco, si pueden no pagar el IVA de una factura, no dudan en no pagarlo. Si su empresa les paga unas horas extras o un servicio en “negro” estarán encantados y como es lógico, buscan cualquier normativa existente para pagar lo menos posible (ni más ni menos que hacen los ricos, solo que estos últimos lo hacen con más medios). Si alguien vende una vivienda y puede engañar al catastro y cobrar algo en negro, suele estar encantado.

     La moral y la ética empieza por uno mismo. Si vivimos en sociedad hemos de cumplir unas normas y tener valores. No tiene mucho mérito cuando un asalariado paga impuestos porque no le queda otro remedio, pero no duda en evadirlos en toda actividad que puede, alegando que ya paga bastante. Ha de entender que eso es lo que hacen los ricos y que también piensan que ya pagan bastante.

     La solución no es un nuevo partido y unas nuevas elecciones, la experiencia dice que es cuestión de tiempo que ocurra lo mismo…

     La solución es la educación desde muy pequeños. Educar en el respeto, en los valores, en la solidaridad, en la empatía. Nos educan en la competición, en el materialismo.

 José Agustín Goytisolo (1928-1999), describe muy bien en su poesía “Me lo decía mi abuelito”, como nos educan y a la vista está lo que surge.

-Me lo decía mi abuelito,
me lo decía mi papá,
me lo dijeron muchas veces
y lo olvidaba muchas más.

Trabaja niño, no te pienses
que sin dinero vivirás.
Junta el esfuerzo y el ahorro
ábrete paso, ya verás,
como la vida te depara
buenos momentos, te alzarás
sobre los pobres y mezquinos
que no han sabido descollar.

Me lo decía mi abuelito,
me lo decía mi papá,
me lo dijeron muchas veces
y lo olvidaba muchas más.

La vida es lucha despiadada
nadie te ayuda, así, no más,
y si tú solo no adelantas,
te irán dejando atrás, atrás.
¡Anda muchacho dale duro!
La tierra toda, el sol y el mar,
son para aquellos que han sabido,
sentarse sobre los demás.

Me lo decía mi abuelito,
me lo decía mi papá,
me lo dijeron muchas veces,
y lo he olvidado siempre más.

     Este será un buen comienzo, ya desde niños, aunque nos lo digan continuamente, olvidarlo. Si nos mentalizamos de lo poco que es necesario para vivir y que un día nos iremos igual que vinimos de este mundo, tal vez nos comportemos de otra manera y nuestra escala de valores cambie. A nuestros hijos, de dejarles algo ha de ser preparación y si alguien ha de acordarse de nosotros será por lo que dejamos, no por lo que cogimos.

        Tampoco se trata de legislar en exceso. Ya hace casi 2000 años, el historiador romano Tácito afirmó: Cuánto más corrupto es un estado, más leyes tiene.

© Germán Vega – 2014 – Valladolid

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